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Actualidad en la tributación de la economía digital

by DA

Hace unos días asistimos a una charla sobre la situación actual de la fiscalidad de la economía digital y los retos que en esta materia se abordarán en los próximos meses. Los asuntos que se trataron y las dispares soluciones propuestas tanto desde la Administración Tributaria como desde los agentes que intervienen en la actividad digital (empresas, asesores, …) dan lugar a estas reflexiones.

La rabiosa actualidad de la tributación de las empresas digitales reside en el innegable interés de los Estados en que los beneficios de las empresas paguen impuestos en el lugar en que se realiza la actividad y en el que se genera valor añadido.

Son las Acciones BEPS (Base Erosion and Profit Shifting) o medidas para combatir la “erosión de la base imponible y el traslado de beneficios” sobre las que el G20, la OCDE e incluso algunos países no miembros de estas organizaciones, están trabajando con el fin de combatir las estructuras fiscales de las empresas multinacionales para minorar artificialmente el importe de los beneficios tributables y la deslocalización de las ganancias empresariales a jurisdicciones de escasa o nula fiscalidad.

Precisamente la Acción 1 de BEPS aborda los desafíos fiscales de la economía digital a través de unas estrategias y recomendaciones específicos para estas actividades.

De todos son conocidas las noticias sobre cómo empresas como Google, Facebook o Microsoft operan en Europa mediante holdings en Irlanda, Holanda o Luxemburgo, de forma que los beneficios por sus actividades en Estados como España dejan a las arcas nacionales unos ingresos por impuestos directos insignificantes en comparación con el volumen de sus operaciones en nuestro país.

Estas estructuras podrían hacernos pensar que entonces las rentas de estas multinacionales acaban tributando significativamente en USA, su país de origen, pero lo cierto es que esto no es así en gran parte por las importantes deducciones de que gozan las empresas tecnológicas en áreas como Silicon Valley. En definitiva, en cómputo global su imposición es muy reducida y USA se resiste a modificar su régimen fiscal por el atractivo que supone para estas actividades.

En este marco nos encontramos. Las reuniones entre los Estados afectados se han sucedido desde hace años, siendo las conclusiones más significativas: la necesidad de un tratamiento fiscal internacional global, la imposibilidad de crear un régimen de tributación específico para la economía digital como un todo siendo necesario analizar cada negocio concreto y la cada vez más innegable importancia de los derechos de propiedad intelectual y de los datos y su tratamiento.

Y mientras los Estados y las organizaciones internacionales intentan desarrollar las bases sobre las que poder adoptar medidas concretas, algunos países ya las han establecido unilateralmente o están en vías de hacerlo. En la mayoría de los casos estas medidas consisten en el establecimiento de un “impuesto de equiparación” que, ante la dificultad de gravar el beneficio real de las empresas digitales en el país de destino, recae sobre el volumen de negocio o ventas.

Pero el “impuesto de equiparación” se contempla en principio solo como una medida transitoria porque sus características no se adaptan a los principios del actual sistema tributario general. En efecto, este impuesto, al recaer sobre las ventas, parece más un impuesto indirecto que grava el consumo como el IVA, con las dificultades que ello conlleva sobre todo en lo que a su recaudación se refiere. Recordemos que en el IVA una parte del precio que pagamos los compradores corresponde a este impuesto, con lo cual se involucraría a los consumidores en su recaudación.

Sin embargo, aquí y ahora el “impuesto de equiparación” parece ser una buena solución a medio y, desde luego, a corto plazo. Quizás los problemas para su implantación residan en que se trata de configurar bajo los conceptos tributarios clásicos. Quizás tenemos que abrir nuestras mentes. Si la economía ha evolucionado hacia lo digital y la tecnología nos está haciendo cambiar los modelos de negocio, parece lógico también modificar nuestra visión para analizarlos desde una nueva perspectiva y lograr que cada empresa pague impuestos por la riqueza que genera y dónde la genera.

Artículo publicado en el diario Expansión el 2 de mayo de 2018

 

Trinidad Remezal

trinidad.remezal@dalawyers.es

Socia Departamento Fiscal